"Tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que él busca y que también tú buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto".

viernes, mayo 26, 2006

De una conversación con Julio Cortázar: "Yo creo que París es la mujer de mi vida".


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[...] hablando de la obra de Julio Cortázar, a una peregrinación del hombre hacia el interior de sí mismo, o más trivialmente aún, a una búsqueda de la interioridad. Pero qué opina el principal interesado en esa clase de tópicos.

JC: Hace 20 años yo era un hombre muy diferente del que soy hoy, en muchos planos. En esa época, la verdad es que yo vivía en un mundo en que la literatura con mayúscula, consistía en no solamente un ideal, sino verdaderamente en una vocación, en un trabajo encarnizado; y entonces, para mí la literatura era el vehículo que me había sido dado como ha otros les es dada la pintura o la música, para ir en busca de mi propia identidad. Pero en los últimos años, yo te diría concretamente a partir de los años ’60, yo le he dado sentido a la búsqueda de identidad; es decir, si mi propia identidad, mi propia autenticidad me interesa ya no es desde un punto de vista narcisista, ya no es para quedarme en ella, sino que hay una voluntad de trascendencia. Al buscar mi identidad, yo estoy buscando la manera más auténtica, la más eficaz de salir fuera de mí mismo y buscar a mi prójimo, buscar a mi semejante, ya sea en el terreno personal, o ya sea en el terreno histórico. Es decir, salgo de mí mismo para ir en busca de mi prójimo, incluso en sus formas multitudinarias, lo que podemos llamar mi propio pueblo, mi nación y toda América Latina, y bueno, y finalmente por qué no, todo el planeta.

En ese sentido, parece muy frívolo pensar, como lo ha sugerido un crítico en un artículo reciente de Le Monde, que ser argentino no significa gran cosa para Julio Cortázar.

JC: La conexión de un hombre con su nacionalidad no me parece dada por el hecho que finalmente es un hecho fatal y biológico de haber nacido en la Argentina, de padres argentinos, o haber nacido en Liverpool de padres ingleses. Dicho esto, creo tener el derecho de agregar que siempre me he sentido y me siento profundamente feliz y orgulloso de ser argentino, pero no por una razón muy especial, no porque crea que ser argentino, como lo piensan tantos argentinos, supone ser mejor que los chilenos, mejor que los bolivianos, no; e incluso me ha valido polémicas y enemistades, el hecho de que con mucha frecuencia en declaraciones públicas o artículos, yo insisto en que sintiéndome profundamente argentino, me siento más profundamente todavía, latinoamericano. Fíjate que es una experiencia de los últimos 10 años ó 15 años, cuando empecé a viajar por América Latina, cuando conocí sucesivamente países como Cuba, como México, como Venezuela, como Perú, y descubrí que en todos ellos estaba en mi casa, con todo lo que tiene de negativa la frase, porque en la casa de uno... uno no siempre encuentra las cosas bien. En la casa está la familia, y ya sabemos lo que son las familias. Pero está también el aspecto positivo, está esa cosa hermosa que tiene América Latina, que es compartir una lengua, que a pesar de las diferencias insignificantes te hace verdaderamente sentirte en tu casa, estes en Perú, en Bolivia o, en tu casa de Buenos Aires. Entonces mi argentinidad no sólo la reivindico, sino que quisiera terminar esta frase con una prueba muy simple. Yo llevo 28 años en Francia, creo que conozco bien el francés y sin embargo, hasta que me muera, seguiré escribiendo en español y más que en español, en argentino.

Atendiéndonos a una entrevista que le hicieron a Julio Cortázar, en su día, resulta de sus declaraciones que los latinoamericanos habían tenido que matar a España, porque uno no puede prescindir de matar a sus padres.

JC: Es verdad que todos los países latinoamericanos, han necesitado de matar a España, en el sentido freudiano en que el adolescente tiene que matar a sus padres, simbólicamente, para adquirir su identidad, para lanzarse en el mundo como un individuo, y no ya como el hijo de papá y de mamá. Evidentemente ese es un asesinato simbólico, precisamente por eso sea mucho peor que un buen martillazo en la cabeza, pero ese asesinato que se cumple freudianamente para que el adolescente se independice de sus padres, en los pueblos se da de una manera muy paralela, es necesario matar también simbólicamente, al país que te ha conquistado, que te ha colonizado, que ha sido tu padre y tu madre, para abrirse a una nueva vida, pero el aspecto positivo de todo lo que acabo de decir me parece que es el siguiente: de la misma manera que un adolescente ha matado bien a su padre y a su madre, como un torero puede matar bien, a partir de ese momento puede volver a ellos y mirarlos en los ojos y entablar una relación directa, sin la dependencia, sin la tiranía, sin sentirse el niño frente a los padres. De la misma manera, yo entiendo que los pueblos latinoamericanos si hemos matado a España, así simbólicamente, hemos llegado al momento en que la estamos mirando en los ojos y estamos ahora estableciendo un diálogo mucho más directo y mucho más franco que antes no teníamos. Yo lo noto cada vez que voy a España. Cuando yo era muy joven, advertía la actitud paternalista de los intelectuales españoles, que se... aterraban ante nuestra manera de hablar. Actualmente un español, intelectual o no, ya no se preocupa demasiado por nuestro vos en vez de tú, ya no le molesta nuestra gallina, nuestra shuvia y nuestra pollera [...]

Uno de los principales exégetas de Rayuela, Carlos Fuentes, dice que este libro agota todas las formulaciones posibles de un libro imposible, y por otra parte alude a la sustitución en el mismo de la famosa frase de Beufon: “El hombre es un animal que sabe que va a morir”, por la de “el hombre no es, pero quiere ser, siendo este querer ser, la verdadera meta de su búsqueda". Lo gracioso a este propósito es la frase sibilina que el autor de Rayuela pone en boca de uno de sus protagonistas: “París es el modelo original del ser”.

JC: Es posible que yo lo haya escrito, pero... como he pasado ya, los 60 años de edad, empiezo a tener fallas de memoria, y la verdad es que no recuerdo en absoluto haber escrito eso. Mi relación con París, bueno, está mal auto-citarse, pero yo debería remitir a quienes oyen esto a un libro como Rayuela y a muchos cuentos. Es decir, es un contacto de raíz profundamente mágica, de raíz poética, que hizo que yo viera en París una ciudad de elección, una ciudad en la que sin renunciar a la ciudad de toda mi vida anterior que es Buenos Aires, y que es una ciudad igualmente mágica, me dio, sin embargo, una especie de reverso de la medalla, me dio todo un mundo que no es concebible en la Argentina y en Buenos Aires. Mi conexión con París fue, y eso se nota también en mucho de lo que he escrito, por un lado una vinculación poética y por el otro, una vinculación metafísica, y en ese sentido sí, hay un cierto desc. de esencias que yo hice aquí y que no había hecho en ningún otro lado. Finalmente mi relación con París, yo creo que ha sido siempre una relación erótica... Yo creo que París es la mujer de mi vida.

No es de extrañar pues que los aficionados a los tópicos se empecinen en encontrar en la obra de Cortázar, como en la de cualquier artista hispánico de su generación que ha pasado por París, influencias del surrealismo.

JC: Yo he tenido una relación especial con el surrealismo, porque tengo la impresión, desde luego mis críticos saben esto mejor que yo, porque yo no tengo sentido crítico, ni con respecto a mí mismo, ni con respecto a los demás; no, no me ha sido dado, pero en fin, de todas maneras tengo suficiente conciencia de lo que he hecho, de lo que he tratado de hacer, para poder decir que no creo que haya habido en mí una influencia directa, literaria, del surrealismo. Lo que hubo, cuando yo conocí el surrealismo en Buenos Aires, en los años 40, cuando leí [a todos los surrealistas franceses que llegaban a la Argentina en ese momento], fue el descubrimiento de una serie de rupturas que me parecieron extraordinarias. Es decir, que lo que vi en el surrealismo fue esa tentativa de demolición de una serie de cáscaras, de una serie de sepulcros blanqueados, de una serie de estructuras ya podridas, que se venían abajo y que la literatura oficial seguía manteniendo.

Más que el surrealismo parece dominar en Julio Cortázar una dimensión que uno casi vacila en llamar fantástica porque la palabra da lugar a equívocos. Una buena definición de este término ha sido propuesta sin embargo por el escritor checoslovaco Milán Kundera: “lo fantástico consiste en dar a la realidad una dimensión onírica para que la realidad se vuelva más real aún”. No se trata pues de oponer realidad-irrealidad, sino de derrumbar la frontera entre ambas.

JC: Es muy hermosa la frase de Milán Kundera que yo no conocía. Lo que yo te diría es que... tengo cierta prevención con respecto a la noción de frontera, porque cada vez que alguien habla conmigo, o los críticos se ocupan del problema entre lo fantástico y lo real, se tiende a trazar una frontera, de un lado está la realidad, de otro lado lo fantástico. Yo empezaría por sugerir que la noción de frontera en sí misma es sumamente artificial... es como la noción del círculo polar ártico o del Ecuador. Cuando cruzas en un barco del atlántico y viene el capitán y dice en este momento estamos cruzando la línea del Ecuador, y todos los niños se inclinan sobre la borda a ver si la ven la línea, porque quieren verla y naturalmente no está [...]


Lo fantástico es algo que sucede aquí, en este momento, para mí por lo menos es algo que sucede en la realidad. Yo creo que todos mis cuentos fantásticos suceden en la realidad más cotidiana y más pedestre y más simple y luego bruscamente hay como una vuelta de tuerca, una puerta que se abre y cuando tú creías que ibas a salir hacia un pasillo que va hacia delante, pues hay una bifurcación y entras en otra dimensión, pero al final vuelves a la realidad, no te quedas en la excepción. En ese sentido, yo creo que lo fantástico enriquece la realidad, pero que sin la realidad, y esto es importante, SIN LA REALIDAD lo fantástico se disuelve y no tiene ningún sentido. Es preciso que estemos instalados en la realidad para que lo fantástico tenga valor y tenga belleza. [Siempre he detestado la literatura que es puramente fantástica...] A mí me suceden cosas fantásticas todo el tiempo, pero sigo estando vivo, sigo estando en la realidad.

[... Fui invitado a una conferencia –en Montreal, en el canal A– que se llamó “El escritor y el Lector”. Yo invertí en título de la ponencia...] Se habla mucho de los autores y se habla muy poco de los lectores. Todos los críticos hablan del boom, hablan de García Márquez, de Vargas Llosa, de mí, de quien sea. Se hacen inmensas bibliografías sobre los autores, siempre considerados como pequeños dioses, como demiurgos, son las personas importantes [...] En realidad, el autor se las arregla por su cuenta, ser un autor es una fatalidad, yo no tengo nada de que jactarme de ser escritor, lo fui porque me dio la gana, porque volvemos a lo de actividad lúdica, porque yo he jugado a ser escritor [...]
A mí me importan un bledo los autores, porque ellos se arreglan por su cuenta, yo el primero, [a mí me importa el lector, y la batalla hay que librarla por ellos].

[...] la característica de un escritor auténtico es que se pasa la vida escribiendo el mismo libro, y no sólo su propio mismo libro, sino ese libro que se repite de un escritor a otro, de un idioma a otro, desde el principio de los tiempos.

JC: Este tema, este punto de vista me hace pensar bastante en algunas ideas de Jorge Luis Borges, algunas cosas que él ha escrito y ha dicho van por ese lado... la noción de que todo se vuelve a decir, [...] y te diría, ya que nos pusimos en un plan de citas, hoy me funciona bien la memoria, que hay una frase de A. Gide: “Toute choses ont fait dit déjà, mais comme personne n’écoute, il faut toujours recommencer”(1). Lo cual justifica que algunos sigamos escribiendo el mismo libro.

Antropofanía

JC: [...] la palabra antropofanía, se comprende apenas se piensa en su raíz, no es cierto. Yo tengo la impresión, creo, tal vez me equivoque, de que inventé la palabra. Creo que cuando estaba escribiendo Rayuela la inventé, partiendo de los términos equivalentes, por ejemplo, epifanía u hierofanía o teofanía; es decir, la noción de la aparición en un terreno sobrenatural, de los dioses, de las figuras mágicas. En este sentido, antropofanía para mí, significa la aparición del hombre, pero justamente de ese hombre ideal que yo veo, que yo deseo, que es mi ideal en mi proyecto de humanidad; es decir, cuando yo hablo de una antropofanía, me refiero a ese momento en que el hombre haya podido superar las limitaciones que lo ponen por el momento más acá de lo que verdaderamente él podría ser, y llegue a ser, lo que puede un hombre en el momento en que dé el máximo de sus posibilidades, ese día se descubrirá a sí mismo, se verá aparecer a sí mismo, habrá una antropofanía; esa noción del hombre nuevo que tanto se ha manejado en el vocabulario de la revolución en América Latina contiene esa expresión, sólo que mi expresión es muy pedante porque busca las raíces griegas, y el hombre nuevo es en cambio la misma cosa; es decir, esa noción del hombre liberado de todos los tabúes, de los prejuicios, de los odios, de las limitaciones en que históricamente se mueve hoy mientras estamos hablando. El hombre que haya dejado todo eso atrás, se verá a sí mismo como la realización de lo que hoy no es más que un proyecto. Entonces sí, será la antropofanía, la aparición del hombre sobre el planeta.

Kibbutz del deseo

JC: [...] Volvemos a la noción de antropofanía; esa noción, esa especie de ideal que yo veo perfectamente realizable, en el sentido de que el hombre actual, es solamente un proyecto de hombre, está muy lejos de ser lo que llegará a ser; que cuando llegue a ser entonces se verá a sí mismo verdaderamente, como puede ser, esa es la antropofanía, bueno eso se producirá digamos, eso se producirá en un lugar, que podemos calificar de kibbutz del deseo; es decir, el lugar donde se cumplirá esa especie de encuentro del hombre con el hombre mismo, una vez que se hayan franqueado estas etapas incompletas, estas etapas en donde el hombre usa más lo negativo que lo positivo tiene en sí mismo, es evidente que en nuestro tiempo, desde luego yo no soy el único, ha habido una cantidad de filósofos, de poetas que han insistido en que estamos muy lejos de realizar nuestras posibilidades, y que esas posibilidades existen, están dadas y dependen de nosotros cumplirlas.(2)


(1) Todas las cosas ya se han dicho, pero como nadie las escucha, siempre es necesario recomenzar.


(2) Entrevista inédita en la red, la transcribo del programa radial español Esbozos, conducido por Adelaida Blázquez.

2 comentarios:

Valery Castillo dijo...

Llegue aquí gracias a la palabra "antropofanía" ya que la mencionó el gran Benito Taibo en una de las charlas que hizo, me pareció que es una de las palabras con más profundo significado. Buen blog:))

Valery Castillo dijo...

Llegue aquí gracias a la palabra "antropofanía" ya que la mencionó el gran Benito Taibo en una de las charlas que hizo, me pareció que es una de las palabras con más profundo significado. Buen blog:))